La búsqueda de la felicidad

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“La búsqueda de la felicidad es uno de los grandes motores de nuestra vida”

Tras una larga ausencia, por un lado necesaria y por otro obligatoria, he tenido mucho tiempo para reflexionar acerca de cómo funciona la vida, acerca de las cosas que nos suceden, cómo las vivimos y cómo nos afectan.

Hay momentos en que todo se desbarajusta y lo conocido y seguro se vuelve incierto. Momentos en los que te lo cuestionas todo y tratas de detectar en qué te estás equivocando. En los que te haces la temida pregunta, ¿soy realmente feliz? ¿Qué es la felicidad?

Hoy en día, la felicidad se ha convertido en un lucrativo negocio, en un artículo de consumo que se puede dosificar y vender en pastillas. La ciencia de la felicidad la ha transformado en algo cuantificable, objetivable, capaz de predecirse a través de ecuaciones, algo que depende de cumplir una serie de requisitos: pensar en positivo, dormir más, sonreír, ser solidario, mantener una vida sana y vivir con pasión. Tan sencillo y complejo a la vez.

Pero me temo que no hay una fórmula única para todos. No es posible encontrar la felicidad siguiendo los pasos de otros, sino que cada uno debe encontrar su propio camino. No es un camino fácil, lo sé, y hay que evitar muchas trampas. Aquella que nos dice que hay que estar continuamente alegre y nos impide sentir la tristeza. Nuestros propios obstáculos cuando nos “anestesiamos” y nos dejamos arrastrar, regodeándonos en la miseria colectiva y la particular. O nuestra habitual costumbre de perder de vista el presente, culpándonos por lo que dejamos atrás y angustiados por la siguiente curva que vendrá, olvidándonos de que lo único real es el paso que en ese momento damos.

Hay muchas opciones para disfrutar, para sentir placer, para ser feliz. Si nos apegamos sólo a una, estamos condenados a entrar en el círculo del sufrimiento. Empeñados en aferrarnos a aquello que no está en nuestras manos tener, o bien sintiendo la insuficiencia de las fuentes temporales de gratificación externa, como la sociedad consumista nos ha inculcado. Acumulando, gastando y volviendo a acumular. Un sinsentido, una borrachera de falsa felicidad entre Valium y Prozac, una autoestima artificial a base de satisfacer necesidades superficiales, cumpliendo a rajatabla lo que se espera de una persona feliz. ¡A veces nos esforzamos tanto por aparentar ser felices, que nos olvidamos de serlo!

Es alarmante el aumento de personas que consumen antidepresivos de todo tipo para enfrentarse a los problemas cotidianos. Los españoles somos los terceros consumidores de antidepresivos y ansiolíticos de Europa. Pero una felicidad sintética, nunca podrá ser auténtica.

La felicidad es una decisión activa. No es cuestión de encontrar nuestro camino y simplemente andarlo. No. Es un esfuerzo continuado de ir descubriendo la ruta, de tomarse los descansos necesarios, de invertir la energía justa, de hacer frente a las encrucijadas y de probar cada opción aún a riesgo de equivocarnos.

Yo me considero una persona feliz y no estoy riendo todo el tiempo. No puedo estar alegre todo el tiempo. Eso sería dar de lado al resto de emociones, tan necesarias como la alegría por muy desagradables que sean. Por lo que la felicidad no puede ser un estado continuado de alegría. Así que no hay que castigarse por sentirse mal, por necesitar llorar, gritar o estar solo. Todas las emociones en su justa medida contribuyen a nuestra felicidad. Puedes ser una persona feliz y sentirte triste, enfadada, insatisfecha o frustrada en un momento dado. Lo importante es no dejarse arrastrar, colocar cada emoción en su lugar.

Para mí la felicidad es un estado de equilibrio y armonía que nace de unx mismx, siendo realmente yo aún sin tener del todo claro quien soy, haciendo aquello que estoy destinada a hacer, viviendo el presente y siendo consciente de que la vida es un cambio continuo, un recorrido lleno de curvas muchas veces impredecibles. Si me entreno en apreciarlos, habrá muy buenos momentos, y otros que no lo serán tanto, pero que son igualmente necesarios, pues no puede haber luz sin sombra y viceversa. En muchos momentos tendré que vivir una soledad aplastante de la que culturalmente estoy entrenada para huir, pero que me enseñará a apreciar la buena compañía. También me llevaré duros golpes, momentos ante los que me gustaría tirar la toalla, en los que no hay lágrimas suficientes para llorar el dolor. Pero es necesario vivir este dolor para encontrar nuestra fortaleza, para sacar lo mejor de una misma, y dejar que las lágrimas arrastren aquello que sobra para llenarme de lo que me impulsa a vivir.

La felicidad no puede ser un estado continuo, ni un fin en sí misma. No creo que esté ahí fuera esperando a que la encontremos. Ni nos caerá del cielo sólo por desearla. Creo que el tiempo que invertimos en anhelarla, es tiempo que perdemos de vivirla. Ser feliz o no, no depende de la suerte o de las circunstancias de cada uno, sino que es un trabajo diario.

Hay quien afirma que la felicidad va íntimamente ligada a la sexualidad y no le falta razón, pero tampoco deberíamos obsesionarnos con el sexo. Una vida sexual plena ayuda a tener la mente algo más despejada y a liberarnos de la tensión generada por el ritmo de vida acelerado al que nos vemos sometidos. Ni siquiera es necesario tener pareja, podemos acudir a sexshop online, donde adquirir cualquier tipo de juguete erótico para disfrutar del sexo sin tener pareja, ni complejos en este sentido.

La felicidad la va construyendo cada uno. Reduciendo el ritmo y estando abierto a verla en la cotidianidad, en los pequeños detalles; estando dispuestos a compartirla; tomando decisiones conscientes; permaneciendo atentos a lo que necesitamos realmente, amándonos, amando y siendo amados (con todo lo que esto implica, que no es poco), esforzándonos por ser mejor cada día y disfrutando de ese instante en que sientes que todo es como tiene que ser, que no es necesario que nada cambie, que todo encaja.

Ahora te invito a que te preguntes ¿soy realmente feliz?. Pero que dejes de lado lo que se supone que es la felicidad, lo que te han dicho o lo que has leído. Reflexiona sobre lo que es la felicidad para ti, lo que te roba una sonrisa, los momentos en los que no cambiarías nada, en los que olvidas la perfección y el control y sólo existe el presente, cuando te sientes tu y vives de forma auténtica. Incluso piensa también en esos momentos en los que no te gustas, en los que luchas contigo, en los que nada te satisface, y date cuenta de que no es tanto lo que te sucede, sino la forma en que lo interpretas la que no te satisface. Muchas veces somos nosotros mismos los que nos impedimos ser felices, porque no nos creemos merecedores de serlo, pero créeme, estamos aquí para ser felices. Reconoce que cuando reprimes lo que sientes, lo que sueñas y deseas, realmente no te proteges, sino que impides que lo que quieres se haga realidad. El dolor, los errores, la frustración, son inevitables, y además necesarios. ¡No tengas miedo y decide ser feliz!

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